La mansión de Salvatore se alzaba en completo silencio cuando empujó las puertas de su habitación. Afuera, la ciudad rugía con el eco de sirenas y disparos lejanos, pero dentro de esas paredes reinaba un contraste sofocante: la calma de un depredador que regresa a su guarida.
Lo que no esperaba era encontrarla allí.
Isabella lo aguardaba sentada sobre el mueble de caoba frente a su cama, con las piernas cruzadas y un vestido rojo que parecía haber sido creado para incendiar su mirada. La tela a