LA MARCA DEL PASADO.
El frío de Moscú era cortante, un aire gélido que calaba los huesos y hacía crujir la nieve bajo cada paso. Iván descendió del automóvil que lo había traído hasta las afueras de la ciudad. Frente a él se extendía un complejo industrial abandonado, con muros de ladrillo ennegrecido y torres oxidadas. Pero sabía que aquello no estaba vacío.
La dirección exacta la había encontrado grabada en un pequeño papel que descansaba junto a la placa metálica. La misma que ahora colgaba de su mano derecha, b