La mañana amaneció clara sobre la fortaleza. El aire traía consigo un aroma a humedad y piedra, pero también a expectativas. Tras la boda y el banquete, nadie esperaba que los recién casados se movieran tan pronto en el tablero del poder, y sin embargo, en la sala de consejo de la fortaleza, Serena, Dante y Mikhail ya estaban reunidos.
Un gran mapa de Italia, desplegado sobre la mesa central, estaba cubierto de marcas y anotaciones. Serguei permanecía de pie en la esquina, vigilante como siempr