La noche apenas se había asentado en la ciudad cuando las noticias de lo ocurrido llegaron a los oídos de Corrado y Salvatore. No tardaron en reunirse en una lujosa mansión de Lombardía, un lugar neutral, alejado de los ojos de sus hombres más débiles. Allí, los dos hermanos de traición se enfrentaron entre sí con el veneno del resentimiento.
—¡No puedo creerlo! —bramó Corrado, golpeando la mesa de caoba con tanta fuerza que una copa de vino cayó al suelo, derramando un rojo espeso como sangre—