El amanecer sobre la fortaleza de la Roja no fue un amanecer cualquiera. El viento llevaba un silencio extraño, como si la tierra misma estuviera conteniendo la respiración. Serena se levantó temprano, con el cabello rojo cayendo como fuego sobre su espalda, y observó desde la ventana cómo los primeros camiones blindados de la organización entraban en formación. Aquel día no sería solo un paso más; era el inicio de una guerra silenciosa que se escribiría con sangre y fuego.
Dante se acercó por