La mañana cayó sobre la fortaleza como un manto frío y pesado. No era una jornada común: no había música, ni brindis, ni risas recorriendo los corredores. Lo que se respiraba era un aire de guerra, de cuentas pendientes, de justicia que había esperado demasiado tiempo para hacerse presente.
Serena se vistió con un traje negro de corte militar, los bordes bordados en hilo rojo. Su cabello rojizo caía suelto sobre sus hombros, y en sus ojos verdes se reflejaba la llama de la decisión. Al entrar e