El silencio del despacho del nuevo refugio era casi solemne. La fortaleza, recién remodelada, parecía vibrar de vida con los hombres entrenando en el salón principal, el murmullo de conversaciones y el bullicio de la cocina donde preparaban la cena. Sin embargo, entre esas paredes sólidas, Serena y Dante estaban solos, mirándose con la seriedad de dos generales que trazaban el futuro de una guerra.
Dante apoyó ambas manos sobre el escritorio, extendiendo planos y mapas de territorio. Sus ojos d