La fortaleza estaba llena de movimiento, no por armas ni planes de guerra, sino por algo más calculado: los preparativos de una boda que cambiaría la balanza del poder en el mundo.
Dante había ordenado a sus hombres ocuparse de todo con precisión quirúrgica. Desde temprano, llegaron los primeros cargamentos: maderas oscuras para las cajas, terciopelo para los interiores, rollos de papel con relieves dorados y tintas especiales que solo un impresor de Florencia sabía manejar.
Serena recorría cad