En Calabria, el aire de la costa olía a sal y pólvora. Dentro de la villa fortificada donde operaba Corrado Balestra, jefe actual de la ’Ndrangheta, reinaba un silencio tenso. Las paredes estaban adornadas con símbolos de poder: fotografías con políticos, armas antiguas y reliquias familiares. Corrado, un hombre de cabello canoso y mirada acerada, caminaba de un lado a otro, incapaz de sentarse.
Serena.
Su sobrina maldita.
La hija de Alessandro, a quien él mismo había mandado asesinar.
Había pa