La habitación estaba en silencio, apenas roto por el sonido seco de las hojas al pasar entre los dedos de Salvatore. Sus hombres habían conseguido los archivos gracias a contactos en los círculos más cerrados de la mafia calabresa, y cada carpeta era un trozo de información que podía darle ventaja en esa guerra invisible que se libraba en las calles.
Nombres de esposas, amantes, hijas, hermanas. Direcciones, ocupaciones, fotos recientes. Salvatore escaneaba cada rostro con los ojos inyectados d