La noche había caído sobre la fortaleza como un manto espeso, cargado de electricidad contenida. El eco del último informe retumbaba todavía en las paredes del salón estratégico, y aunque cada uno de ellos intentaba guardar una calma profesional, el aire estaba tan tenso que podía partirse con un filo.
Dante caminaba de un lado al otro con pasos firmes, el ceño fruncido, revisando por décima vez los mapas desplegados sobre la mesa. Mikhail permanecía de pie, los brazos cruzados, endurecido como