Mundo ficciónIniciar sesiónYo soy mía. No pertenezco a ningún hombre. Nadie pondrá un mano sobre mi, y si lo hace.... Entonces, se topará con el fuego de mi ira. Segunda parte de NO SOY DE NADIE, novela gratis en Buenovela. Se pueden leer de manera independiente.
Leer más(Narra Basima) Me detengo frente a la puerta, no porque dude en entrar, sino porque escucho la risa de Jasman. Durante un instante cierro los ojos y me permito disfrutarla. Hasta hace unas horas pensé que iba a perderlo para siempre. Ahora esa risa llena el pasillo de la mansión de Ahmed como si quisiera borrar todo el horror que acabamos de vivir. Hace apenas unos minutos mi hermana y mi sobrino fueron a revelarme para que me aseara un poco. —Debes parecer una persona cuando Leonardo despierte y no un aura tiñosa, que es lo que eres ahora —me dijo Amira. Yo traté de rehusarme, pero ella no necesitó más palabras para convencerme. Se limitó a colocar un espejo frente a mí. Luego de la agotadora espera mientras operaban a Leonardo, mi rostro dejaba mucho que desear con sus ojeras marcadas. Asientí en silencio, pero no me tardé mucho. En solo media hora estaba de regreso, bañada y vestida con ropa limpia. Lo menos que Amira y Jasman necesitaban era cuidar a un enfermo. Anhela
(Narra Basima) Cuando Amhed considera que es seguro acceder al campo de batalla, Amira, Fátima y yo corremos como locas en diferentes direcciones. Mientras buscamos a Jasman, nos pesa el miedo en el corazón. ¿Leonardo habría cumplido su promesa y traería al niño consigo? ¿Jasman estará... vivo? Lo primero que escucho son quejidos de los heridos de ambos bandos y los pasos de quienes se apresuran a atender a nuestros hombres; el sonido desesperado de personas que tratan de salvar las vidas de sus compañeros. Lo que pasará con los heridos del otro bando ahora mismo no me interesa. Tan solo de imaginar lo que le han hecho sufrir a mi sobrino, un niño inocente, quiero matarlos con mis propias manos. Me muevo entre los cadáveres y heridos con la desesperación propia de quien ama hasta que veo a Jasman y el corazón se me detiene. Está vivo, arrodillado junto al cuerpo inmóvil de un hombre. —¿Quién es él? —me pregunto a mí misma y lo volteo con fuerza hasta detallar su rostro.
(Narra Leonardo) Las balas golpean el metal del automóvil mientras corro agachado hacia él. El caos está por todas partes mientras Ahmed y sus hombres atacan las tropas del enemigo. Sé que viene por su hijo, sé que está cerca, pero todavía no puede llegar hasta Jasman. Tengo que sacarlo de aquí. Debo continuar protegiéndolo. Entonces escucho un grito que me hiela la sangre. —¡Tío! ¡Ayuda! —De inmediato reconozco la voz de Jasman. Acelero el paso y llego hasta el vehículo. Mis manos tiemblan mientras abro la maleta. Lo encuentro llorando, temblando de miedo y desesperación. Sus ojos están llenos de lágrimas y su cuerpo se encoge sobre sí mismo. Parece aún más pequeño. La droga que le di ya dejó de hacer efecto. Debió despertar solo, encerrado en la oscuridad, escuchando los disparos sin entender qué estaba pasando. —Jasman... En cuanto me ve, estira los brazos hacia mí. —¡Tío Leo! Lo ayudo a salir de la maleta y lo abrazo con fuerza. —Estoy aquí. Estoy aquí —susur
(Narra Leonardo)Camilo y varios de sus hombres encabezan la caravana de tres vehículos. Nosotros viajamos en el del medio.—Una luna de miel muy concurrida —bromea él.Ni Cecilia ni yo le reímos la gracia.Desde que ella se cayó por las escaleras no ha vuelto a sonreír. Casi me daría lástima, pero no se me quita de la cabeza la forma déspota en que trató a Jasman y, sobre todo, su traición.Por su causa me obligaron a apuñalar aa Basima hasta dejarla moribunda. Además, si Jasman viaja escondido dentro de una maleta, arriesgando la vida para escapar, es por culpa de Cecilia. El ridículo que sufrió en las redes sociales es el menor de los castigos que ella se merece.Estamos a pocos minutos del punto de encuentro con las tropas de Ahmed Hassim. Las manos me sudan. —Te noto muy callado, mi amor. ¿Te pone nervioso la luna de miel? —Ella se sube a horcajadas sobre mí.Tomo una gran bocanada de aire y trato de pensar en otra cosa mientras su lengua afilada recorre mi cuello. —Ya estamos
Último capítulo