Las campanadas nos despiertan antes de que amanezca. Ahora, es cuando me sale el cansancio acumulado de estos dos días. Me duele el cuerpo entero.
Para colmo de males, Jasman está acostado encima de mí. Ese niño tiene un mal dormir de mil demonios juntos.
Tengo la espalda hecha cuadritos.
—Córrete, bebé —murmuro bien suave.
Aunque él se mueve, continúo sintiendo su rodilla clavada en mi costado derecho.
—¡Jasman! —protesto en alta voz, arriesgándome a que se despierte Leonardo.
De igual mod