Apenas amanece y ya mi teléfono vibra dentro del bolsillo del pantalón. No tengo que revisar el identificador de llamadas para saber de quién se trata. Es el jefe. Su odio es tan grande que le falta la paciencia para esperar. Está ansioso por tener al niño en su poder y vengarse de Amhed Hassim.
Opto por dejar el móvil en modo avión y continuar un rato más en la cama.
¡Que se rompa la cabeza pensando!
Joderle me hace bien. Me cae mejor que el desayuno temprano en la mañana.
Basima se ha pasa