—¡Jasman! Mi amor, ¿te encuentras bien?
Me tiro en el suelo, a su lado. De su pequeña frente brota un hilo de sangre que forma un pequeño charco en el suelo. No es una herida tan grande. Apenas mide un par de centímetros, pero a mí todo lo relacionado con mi sobrino me pone a temblar.
—¿Somos libres? —pregunta al verme sin las esposas—. ¿El hombre extraño dejó de ser malo? ¿Nos iremos a casa con mamá y papá?
Me quedo en silencio porque no me gusta mentirle. Sé que el pequeño creerá cada una