—No entiendo qué ha podido suceder. —musita Leonardo, con cara de quien está a punto de darse por vencido.
Él trata de quitarse de la frente los cabellos que se han escapado de su moño. Ambas manos se le han llenado de grasa y tierra mojada durante el tiempo que el muchacho ha luchado por echar a andar la motocicleta y buscado la llave. Su camisa impecable, perfectamente alisada, ya es cosa del pasado.
Yo me encojo de hombros para responderle. De tanto chillar me encuentro sin fuerzas. Jasman