—No entiendo qué ha podido suceder. —musita Leonardo, con cara de quien está a punto de darse por vencido.
Él trata de quitarse de la frente los cabellos que se han escapado de su moño. Ambas manos se le han llenado de grasa durante la media hora en que el muchacho ha luchado por echar a andar la motocicleta. Su camisa impecable, perfectamente alisada, ya es cosa del pasado.
Yo me encojo de hombros para responderle. De tanto chillar me encuentro sin fuerzas. Jasman también se ha quedado dem