(Narra Basima)
Un ruido intenso me despierta. Quiero continuar durmiendo. Estoy muy cansada. Me imagino en el mullido colchón de mi cama, en la mansión familiar; pero el llanto de un niño pronto me recuerda que hay una enorme diferencia entre la fantasía y la realidad.
—¡Jasman!
No lo veo a mi lado aunque, por sus gritos, sé que se encuentra bien cerca de mí.
Forcejeo contra la esposa que aprisiona mi mano derecha hasta que el dolor me asciende por el brazo.
—¡Jasman! ¡Jasman! ¡Jasman!