(Narra Leonardo)
Basima no desea que la bese. Todo su cuerpo me pide que me detenga. No me refiero solo a su postura, que se contorsiona alejándose de mí y, tampoco, a la expresión de horror que tienen sus ojos ni a la mueca de sus labios temblorosos. Es mucho más: la frente perlada por las gotas de sudor que la cubren, el rojo encendido que colorea sus mejillas, la piel de gallina...
Ella está aterrada.
Por eso, y solo por eso, doy un paso hacia atrás. Volteo el rostro para que Jasman creo