La tensión en la Mansión Volkov ya no estallaba como una ventisca; ahora, se asemejaba a una fina capa de hielo sobre un lago profundo: clara, silenciosa y lista para tragar a cualquiera que resbalara.
Había pasado una semana desde el incidente del desayuno fallido. Nikolai, cada vez más frustrado por su fracaso al intentar provocar una respuesta emocional en Anna, comenzó a aumentar la intensidad de sus lecciones. Quería ver a Anna romperse. Quería verla arrodillarse y suplicar, o al menos g