Las lámparas de cristal en el pasillo principal de la Mansión Volkov parecían balancearse suavemente, como si temblaran ante la furia que emanaba del despacho de Viktor. La noticia de la cancelación del jet privado a Siberia había llegado a oídos del patriarca en cuestión de minutos, y ahora, el ambiente en la residencia era más ominoso que cualquier noche de tormenta.
Antes de entrar en la "guarida del león", Nikolai se detuvo en el balcón que daba al patio trasero. Allí, Ivan supervisaba el