Capítulo 25. A Un Latido de la Verdad
El coche de Ramiro avanzó con la lentitud de un depredador por la Calle del Águila. Se detuvo directamente frente al N° 42, el Bar El Oráculo. Ramiro apagó el motor y el silencio se abalanzó, denso con el olor a sal, óxido y el hedor dulce de la desesperación que el lugar siempre parecía exudar. La tensión en su pecho era un nudo, duro y frío como una bala.
Estacionado a unos metros, con las luces apagadas, estaba el coche de Marcos. El jefe de seguridad estaba recostado contra la puerta del co