Capítulo 90. El altar en llamas
Alessia
Me miro en el espejo y no reconozco a la mujer que me devuelve la mirada: la seda pega todavía a la piel donde la bala quiso entrar, la mancha se ha secado y se ha hecho como medalla.
Lo palpo con cuidado; no es vergüenza lo que siento, es un registro. Hoy me caso. La frase suena simple y monumental al mismo tiempo. Todo lo demás, los juicios, las cuentas, la traza, está fuera del vidrio. Dentro, en este cuarto pequeño, con Teresa que ajusta el corsé y el ruido sordo de los alfileres, h