Capítulo 91. El juramento blanco
Dante
Entro con las botas limpias de la guerra y el traje apretado como un segundo pellejo. La nave huele a cera, madera y a la respiración de la gente que viene a vernos convertir un rito en un juramento. No hay fanfarrias grandilocuentes. No permito que las flores tapen la verdad. Las flores son decorado; el juramento, corazón.
La luz que entra por los vitrales es blanca y cortada. Cae en hilos sobre los bancos, sobre las manos enlazadas, sobre su cara. Veo a Alessia desde la distancia y todo