Capítulo 81. Desarme
Dante
Entro con las botas que saben andar sin pedir permiso. La bodega huele a aceite y cartón húmedo, a madera vieja que pretende no ser bodega. Salvatore se pega a la pared como una sombra entrenada; Enzo y Raffaele avanzan en estocada, Alejandro me alimenta con la voz en el oído, Valeria vigila la red como quien vigila un bisturí.
La puerta se abre con la calma de quien no quiere ruido. Vemos hombres de operario, chalecos, manos curtidas por la carga. No son muchos; están preparados para tra