Capítulo 40. La emboscada
La mañana se abre como un nuevo comienzo lleno de frescura. El sol lucha por atravesar las nubes bajas, y la brisa huele a hierro y mar. Aún tengo en la piel el eco de la noche anterior: la respiración de Dante en mi cuello, la confesión de su miedo, mis propias palabras prometiéndole que no lo dejaría.
Anoche dejamos de fingir que éramos aliados estratégicos. Somos pareja, somos uno. Lo supe cuando lo vi romper su máscara y dejarme entrar en su herida más profunda.
Hoy, mientras camino hacia el