Capítulo 41. Lazos de sangre
Salvatore
La madera del muelle gime bajo mi bota. El aire salino se mete en los pulmones como una cuchilla helada. La ambulancia falsa ya está abierta, la camilla afuera, y la capucha negra le aplasta el rostro a mi sobrina.
—Basta —digo.
Los hombres se congelan. Vittorio Giordano sonríe con ese gesto suyo que no llega nunca a los ojos. Alejandro se mantiene a medio paso detrás, atento a leer el viento como un perro bien entrenado.
—Quítensela —añado.
La capucha cae. Alessia parpadea contra la