Capítulo 36. El espejo de la lealtad
El Palazzo Ferretti huele a cera y a vanidad pulida. Nos reciben en la Galería de los Espejos, un corredor donde la luz se multiplica y cualquier gesto se repite cien veces. Buen escenario: aquí las mentiras no tienen esquina donde esconderse.
Enzo camina medio paso detrás. Raffaele ya está en las barandas altas, invisible para cualquiera que no sepa buscarlo. Veo, a través de los ventanales, los tres faroles de San Giorgio parpadear como un código infantil: Giordano ha venido y quiere que todo