Capítulo 34. La reprimenda

La noche muerde la Dársena Norte con dientes de sal. El muelle huele a óxido y trueno contenido. A esta hora, la ciudad finge dormir; aquí, el agua no parpadea. Espero con el abrigo abierto y las manos en los bolsillos, sintiendo el peso del acero donde corresponde. Enzo habla bajo por radio. Raffaele se pierde entre sombras. No necesitamos gritar: la lección debe verse, no oírse.

Un motor apaga su ronroneo al final del muelle. Puntual. 23:10. La linterna corta la niebla y enmarca a Biagio Serr
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