Capítulo 26. El contraataque en las sombras
La ciudad nunca duerme, pero sí susurra. Dos noches después del Palazzo, los rumores llegan a mí como ecos inevitables: movimientos extraños en los muelles, guardias que cambian de turno sin aviso, rostros nuevos en las esquinas del viejo barrio Montenegro. No necesito pruebas escritas para entenderlo. Alejandro y Salvatore han dejado de pelear entre sí; ahora comparten un mismo enemigo. Yo.
Enzo entra al despacho sin llamar. Su expresión lo dice todo. Hay una guerra inminente fuera, que espera