Damián.
La brisa nocturna era suave, un murmullo delicado que acariciaba las hojas de los árboles y las hacía bailar bajo la luz de los faroles del pueblo. La plaza estaba tranquila. Serena y yo estábamos sentados sobre una manta, rodeados de comida sencilla, compartiendo un momento que parecía casi irreal en medio de todo lo que estaba ocurriendo en nuestras vidas.
Todavía estaba preocupado porque Kael y su grupo no regresaban, pero confiaba en la fuerza de mi hermano y en la de los que lo ac