Narrador.
La plaza del pueblo tenía ese encanto especial que florecía al caer la noche. Las piedras del suelo, irregulares, reflejaban la luz tenue de los faroles. El aire era fresco, y el cielo estaba despejado como si supiera que iba a presenciar algo importante.
Celeste y Kael caminaban juntos por los senderos que llevaban al centro. A su lado, los mellizos corrían con pasos suaves pero emocionados. Sienna sostenía una bolsa con malvaviscos como si cargara secretos valiosos. Kenzo tenía un