Narrador.
Días después…
La cabaña se llenaba de sonidos que no pedían atención, pero que la ganaban igual. El roce de hojas bajo pasos pequeños, el crujido de madera vieja cuando los niños brincaban, y la risa aguda que Sienna soltaba cada vez que Kenzo decía una palabra inventada.
Afuera, los mellizos se perseguían con coronas medio caídas, su juego favorito, uno con una muñeca bajo el brazo, la otra empujando un carrito que parecía un artefacto de exploración planetaria.
Desde el porche, Ka