Luther.
El sonido de los cubiertos contra la porcelana se desvaneció cuando rompí el sello del sobre.
Era solo una carta, pero pesaba como si llevara adentro todos mis pecados.
La luz de los candelabros parpadeaba suavemente sobre la larga mesa de roble, donde Elise frente a mí cortaba lentamente un pedazo de carne. Luke, en su coche junto al fuego, dormía sin saber que su mundo estaba a punto de fracturarse.
Leí las primeras líneas.
Mi mandíbula se tensó.
“Soy Celeste. Sigo viva… Ah, maté al