Kael.
El aroma del desayuno aún flotaba en el aire: pan tostado, frutas frescas y un té que ya comenzaba a enfriarse en mi taza.
Celeste estaba frente a mí, mordisqueando una fresa con su sonrisa distraída, mientras sus ojos recorrían el pueblo a través de la ventana. Había aprendido a leerla incluso en sus silencios… y hoy, algo se sentía distinto.
No nerviosismo, no exactamente. Pero sí una espera sutil. Como si algo se estuviera gestando en el aire.
Y entonces, lo sentí. Antes de oírlo si