Mundo ficciónIniciar sesiónEstela Bridge es una joven reservada, perfeccionista y recién graduada de la Universidad, comienza su primer empleo en la exclusiva empresa de autos de lujo Más Uno. Su jefe es Sam Hill: CEO, veintiocho años, irresistible, dominante… y portador de un secreto mortal. Sam no solo es un mujeriego peligroso, también es un hombre lobo, un beta condenado a luchar por el poder y por su lugar como alfa. Una antigua maldición arrastra a Estela a un mundo oculto donde reinan las sombras, la sangre, la pasión y el deseo. Un mundo donde las reglas humanas no existen. Mark, el alfa, la reclama. Sam la desea. Y Estela, atrapada entre dos fuerzas salvajes, deberá decidir a quién pertenece su corazón… y su cuerpo. Estela también guarda un secreto oscuro. Uno que aún duerme dentro de ella. Uno que podría cambiarlo todo. Entre rivalidades, deseo prohibido y una atracción imposible de negar, el amor se convierte en el mayor peligro. Contiene Escenas spicy explícitas
Leer másSiento que el aliento se me escapa.Cada bocanada de aire rasga mis pulmones, como si algo invisible lo cortara antes de llegar a mí.
Entonces abro los ojos , llevo el sudor cómo segunda piel y no logro ralentizar mi frecuencia cardíaca
Desde que cumplí veintidós años,esas pesadillas recurrentes me atormentan cada noche de luna llena .
Mi padre, demasiado reservado desde que mi madre desapareció de nuestras vidas, me regala una risa torcida cada vez que intento explicarle la coincidencia entre mis terrores nocturnos y el calendario lunar.
Dice que exagero. Que es estrés.
Niego del cielo agrietado, donde la luna negra se enclava como un ojo inmóvil en medio de la noche.
De entre las sombras surge una mueca dentada sobre un rostro difuso, un rostro que parece enraizarse en orejas puntiagudas que se alargan, que se funden en un hocico salvaje… hasta convertirse en una bestia que no debería existir, una presencia que me hace estremecer antes incluso de comprenderla.
Así que me alisto enseguida,pero pensarlo me provoca escalofríos.
Sacudo la cabeza y me obligo a levantarme.
Hoy no hay espacio para miedos.
Hoy empiezo mi primer día de trabajo,en la reconocida empresa Más uno,dedicada a la venta de autos lujosos.
Me recojo el cabello rubio en una cebolla perfecta y me coloco mi falda azul platino cubriéndome hasta las rodillas. La camisa blanca está impecable.
Hoy represento el apellido Bridge, y hacerlo brillar después de graduarme de la universidad es lo más emocionante que tengo en mi vida ahora mismo.
Bajo las escaleras y sólo me encuentro una dirección borrosa en una nota pegada a la puerta del refrigerador ,pero será suficiente .
Afuera, el día amanece soleado. Perfecto. Exactamente como lo había imaginado.
Camino hacia la avenida para tomar un taxi, pero el sol se desvanece de pronto. El cielo se tiñe de gris y un aroma exquisito a lluvia me cosquillea la nariz.
Las primeras gotas caen sin aviso, empapando mi cabello, manchando mi camisa.
Entonces lo veo.
Un auto negro, lujoso, excesivo. Un Ferrari, me atrevería a pensar. Reduce la velocidad justo frente a mí y, por un segundo, creo que va a detenerse.
Tal vez el auto-stop sea mejor idea que un taxi.
Avanzo hacia la calle y entonces acelera.
La rueda se hunde en el charco y la mezcla de barro y agua vuela directo hacia mí, arruinando mi falda inmaculada.
—¡Maldito idiota! ¿Eres ciego o qué? —chillo, furiosa, intentando ver al imbécil oculto tras la ventanilla cerrada.
Pero la ventanilla baja lentamente. Con descaro.
Un brazo largo sale primero. La manga del traje negro se ajusta a él y deja al descubierto un tatuaje pequeño pero imposible de ignorar: un cinco en número romano, grabado en la muñeca.
El hombre me muestra el dedo medio.
—¿Pero qué carajos…? —maldigo, cruzándome de brazos mientras observo el desastre que ahora es mi ropa.
El auto arranca y desaparece.
Un taxi se detiene justo entonces. El conductor me mira de arriba abajo, rueda los ojos al ver mis fachas y no dice una palabra cuando subo.
Me hundo en el asiento,con algo de esfuerzo le indico a dónde voy leyendo la nota mojada dentro del bolso.
Blanqueo los ojos y condeno mentalmente al estúpido del Ferrari.
Nada puede arreglar esto. La toalla que llevo conmigo solo empeora las manchas.Con el cabello alborotado y las mejillas ardiendo de rabia, me bajo frente a un edificio inmenso y precioso.
Un hombre amable me da la bienvenida y me indica el camino.
El elevador es tan refinado como la arquitectura exterior. Al salir, un pasillo largo se abre ante mí.
Un grupo de personas escucha atento al señor Dante, el gerente, que da la bienvenida matutina.
Todos me observan con ojos que juzgan hasta el alma.Me incorporo con naturalidad fingida, tan sutil que pareciera que llevara horas allí.
—Muy bien… ahora les presento al señor Hill, subdirector general. Su padre, el dueño de la compañía, se nos unirá más tarde —anuncia Dante, clavando la mirada en mí.
El pasillo queda en silencio.Aparece un hombre alto, de cabello negro. La camisa oscura se tensa sobre sus músculos; su piel clara contrasta con la dureza de sus facciones.
Hay algo en él demasiado intenso. La luz parece seguirle, reflejando una fuerza sobrenatural .
Cada gesto, cada respiración, sugiere peligro contenido.
—Buenos días —saluda—. Bienvenidos los nuevos. Esta tarde Dante les informará sobre la próxima reunión de finanzas.
Su voz es grave, demasiado .Me vibra en el pecho.
Mi padre me advirtió que trabajaría directamente con el subdirector. Llevaría su gestión de ventas.Así que debo esperar.Pero entonces él se acerca.
Mi corazón se acelera. Las manos me sudan.Bajo su manga, el tatuaje del cinco romano aparece otra vez.
El mismo cinco.No puede ser.
—Vaya… si es la hija del señor Bridge —dice—. Estela, ¿verdad?
—Sí… señor —respondo sin mirarlo.
—Acompáñame.
Lo sigo. Su espalda es ancha, poderosa. Sus nudillos conservan restos de sangre seca. Huele a perfume caro… y a algo más dulce y denso,miel de maple.
Cada gesto parece calcularlo antes de hacerlo, como un depredador.Por un instante, su mirada se vuelve extrañamente penetrante, casi instintiva
Algo salvaje, recorre cada movimiento suyo, como si luchara por mantener el control.
Cuando abre la oficina un escritorio enorme la adorna, papeles, una ventana cubierta por cortinas azules y a un lado, uno más pequeño.
—Este es tu lugar, Estela. Aunque deberías limpiarte primero —ordena, con una sonrisa ladeada y una pequeña cortada bajo el labio.
Lo miro con ganas de borrarlo del mundo.
—Claro… esta mañana un imbécil arruinó mi ropa —gruño con ironía arqueando una ceja
Sus ojos avellana recorren mi cuerpo sin pudor. Un calor inexplicable me quema el estómago.
Su mirada me atrae y al mismo tiempo asusta, él asiente.
—Natali te dará tu primera tarea. El informe es para el mediodía.
Como si hubiera estado esperando detrás de la puerta, una mujer alta entra contoneándose. Tiene el cabello negro hasta la cintura y ojos verdes cargados de desprecio.
Su falda es más corta que su educación.
Deja los papeles y se marcha.Antes de salir, intenta atrapar la atención de Sam… pero su mirada ya está ocupada.
En mí.
—¿Tienes calor? —pregunta de pronto.
Me sonrojo.
—¿Qué? Yo…—titubeo, viendo cómo su sonrisa se curva, peligrosa.
Y por alguna razón, sé que nada en mi vida volverá a estar bajo control.
—¿Ay… su nuera? —espeto, cruzándome de brazos con lentitud, midiendo cada gesto como si se tratara de una jugada peligrosa— Pero qué interesante.Dejo que el silencio se estire, incómodo, espeso, antes de añadir con una inclinación mínima de cabeza— ¿Y él es…?—Dan, mi hijo —responde él con una serenidad que no encaja con la presión invisible que se acumula.Resoplo con exageración y esbozo una sonrisa que se me clava en los labios, rígida, forzada, casi dolorosa. No hay humor en ella,solo ironía,solo advertencia.Miranda me observa sin decir nada. No lo necesita. Sus ojos hablan por ella. En ese brillo fijo, hay algo más que rabia. Algo que intenta esconder y no lo logra. Quizás miedo,culpa o ambas cosas mezcladas en una tensión que me eriza la piel.Sus labios apenas se curvan, formando una sonrisa incompleta, peligrosa, como si contuviera una verdad a punto de estallar.Dan, en cambio, no parece afectado por nada. Termina su cigarrillo con absoluta calma y enciende otro sin prisa,
—Ya nada tiene sentido, cada una de las tres almas declaró inocente a Jayden , incluido él¿Un muerto no mentiría o sí? —pregunto confundida, con el miedo aún latiendo en mi voz . —No lo sé y ...¿Qué hay de la cuarta quién es? —reponde Sam con más preguntas. Suspiro levemente, el sudor se adueña de mi cuerpo y el miedo de mi mente , las sombras de las calles a estas horas me parecen lobos y no tengo idea de dónde buscar la cuarta alma. Llegamos tan exhaustos que solo quiero dormir, Sam aún está indiferente, solo divaga con preguntas y más preguntas volviéndome completamente loca. —Sam...¡ Basta!, no tengo idea de quién era esa sombra , no sé quién es la cuarta, no sé si Asher miente, no sé, no sé... —bufo caminando detrás de él por el departamento. —Seguro sabes todo de Mark —suelta de repente, parando en seco , haciéndome prácticamente aventarme contra él. No le digo nada , suspiro y sostengo su mirada, está demasiado fija, agritada, como si lograra colarme por las hendiduras de
—Bueno... espero les haya servido —dice de repente, transformándo su voz amable con un tono endurecido. —Espere,antes del ...del ataque dijo que no fue Jayden,¿Quién fue? —pregunto confundida, es como si el anciano fuese otro luego del ataque de asma . —Nicol,está enterrada junto a Jayden en Auden Cross...—me interrumpe con las pupilas dilatadas.Nueces yace sobre el suelo , cuando lo recorro con la vista ,ladea la cabeza negando.El corazón se me dispara, entiendo que las muertas vivan y que yo sea una loba ,pero que un perro diga “no” es demasiado.Me pongo de pie , y el mal augurio se instala en mi corazón, mientras , todo da vueltas, veo a Nueces convertirse en una sombra humana en las noches y al anciano fragmentarse bajo la luna llena . Cuando me incorporo, ya Sam está de pie, agradeciendo al anciano, le dedico una última mirada a Nueces que se despide moviendo la cola y salimos disparados del lugar. —¿Qué carajos Sam? —chillo bajando las escaleras a gran velocidad. Sam se
—¿A un muerto, cómo que a un muerto? —averigua él, me atrevería a pensar asustado. —¿El lleva en tercer ojo, no?... de la forma que habló de Nicol, debe ser su vecina, causante de su infidelidad, la tercera alma maldita, solo faltarían dos —espeto poniéndome de pie, avanzo hacia la impresora, regreso y me vuelvo a parar. Sam está ahí , con sus ojos posados en mi trasero, intento evadirlo, no entendí muy bien a qué se refirió con que nos lastimamos, la única que lo lastimó fui yo. Sin darme cuenta el resto del día transcurre así , con momentos incómodos que ambos intentamos ignorar. La tarde se disipa como una brasa de fuego, tan caliente cómo efímera. —Llama a Katy, dile de Andrés —le recuerdo a Sam mientras nos marchamos Él no dice nada , obedece y saca el móvil sin preguntar más . Cuando llama a Katy, por suerte Andrés está a su lado . —Dame ,dame —le arrebato el móvil mientras el acelera el auto. —Andrés,¿Qué sabes de una tal Nicol, por la que Jayden traicionó a Millicent?
Mark me observa durante unos segundos y me dedica una sonrisa traviesa.—Aguardaré el tiempo que sea necesario. Pero recuerda: siempre vas a amar a Sam. Él no se enterará de nada de lo que suceda entre nosotros, así que cuando estés lista, solo llámame —murmura, desconsolado, con su miembro duro como acero.Trago en seco y me pongo de pie de forma efusiva, temiendo hacer algo de lo que luego me arrepienta.Él se queda en la cama. Sus ojos recorren mi cuerpo mientras me visto. Lleva las manos hacia atrás, las piernas abiertas, y su erección queda demasiado a la vista.Un cosquilleo me desciende por la garganta y siento cómo la humedad sigue intacta entre mis piernas.—Llévame a casa —susurro apenas, evitando que mi presencia se quede impregnada en la habitación.Asiente, se viste y lo espero en la sala.Cuando estamos listos, nos vamos.—Te estaremos esperando —dice de repente, acomodando las manos sobre el volante del auto —¿Estaremos… tú y quién?—Yo y mi polla —me corta, burlón.Su
Trago saliva y suspiro, esos ojos azules están envolviendo mi cuerpo como si el mundo se desvaneciera por unos segundos eternos, esos labios adictivos me hablan cómo si tocarlos significara tocar el mismo cielo, esos músculos marcados me aceleran el corazón y me nublan el juicio. Juicio… ya no tengo. Ya no existe. Se disuelve igual que el aire gélido que me sofoca los pulmones mientras su cercanía me endulza el alma de una forma peligrosa, adictiva, casi cruel.—¿Enamorados?... Mark amo a Sam —alcanzo a murmurar apenas ,como si la voz se negara a salir —Lo sé, es mi hermano y no le quiero hacer daño, solo nos tenemos el uno al otro, pero no puedo evitar sentirme así , además , él no se va a enterar jamás , lo prometo —susurra acercándose lo suficiente para sentir su aliento delicioso. Trago en seco, las manos me tiemblan, él se toma unos segundos para acariciarme el rostro. Se aproxima aún más. Una de sus manos se desliza hasta mi cintura, la otra descansa en mi nuca, firme, poses
Último capítulo