Capítulo 57

Ella no pareció intimidarse. Con la naturalidad de quien conoce los códigos, se sirvió coñac, sorbió y se pasó la lengua por los labios como quien marca territorio.

—Tú siempre lo eres —replicó—. Esa cara tuya es de mujer. Te leo como un libro abierto: solo una fémina puede ponerte así.

Él entrecerró los ojos, dejando escapar una mueca que bordeaba la ironía y el cansancio.

—¿Adivina ahora? —musitó.

Rubí ladeó la cabeza con aire triunfante.

—No solo en la cama me defiendo —dijo en voz baja—. Te
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