El restaurante Per Se, reservado exclusivamente para nosotros bajo un nombre falso, ofrecía la mejor vista de Columbus Circle, pero el lujo del menú degustación me sabía a cenizas. El aire estaba cargado de una tensión que el champán Krug no lograba disipar. Frente a nosotros, sentado con la arrogancia de quien se cree dueño de la democracia, estaba el Senador Harrison, el hombre que presidía el Comité de Inteligencia y que tenía la llave para silenciar al Agente Miller.
Mavros estaba sentado a