El Palacio Zappeion, en el corazón de los Jardines Nacionales de Atenas, resplandecía bajo la luna como un templo dedicado a la hipocresía. Columnas corintias, mármol pulido hasta el exceso y una alfombra roja que, para mí, no era más que un rastro de sangre seca. Esta era la noche de la Gran Gala del Consejo de Familias, el evento donde la aristocracia negra y la mafia del Mediterráneo se daban la mano para repartirse el mundo. Pero esta noche, el menú no incluía solo caviar y champán; incluía