El Hotel des Bergues se alzaba sobre la orilla del lago Lemán como un palacio de luces doradas, pero para nosotros, era una jaula de cristal reforzado. Tras el desplante en la Villa Vatatzes, la atmósfera en la suite real se había vuelto tan densa que el aire parecía cargado de estática. Mavros no se había quitado la chaqueta del traje, pero había aflojado su corbata de seda, moviéndose por la estancia con la inquietud de un tigre que huele la sangre antes de que se derrame. Spiros y sus hombre