El sótano del Banco Internacional de Ginebra era un laberinto de servidores refrigerados y muros de hormigón que parecían diseñados para resistir un apocalipsis nuclear. Mavros se movía entre los cables de fibra óptica con una eficiencia quirúrgica, mientras Spiros vigilaba la única entrada con un rifle de asalto cruzado sobre el pecho. El aire aquí abajo estaba a una temperatura constante de diez grados, pero yo sentía que me quemaba por dentro mientras esperaba en el coche blindado, con Leoni