La mansión Kyriakos respiraba con una calma artificial, similar a la que precede a un tsunami. Habían pasado tres días desde que el helicóptero se llevó a Katarina hacia su exilio en las montañas y desde que, supuestamente, Ambrose Van der Bilt había sido escoltado hasta el aeropuerto internacional de Atenas con una prohibición de por vida de volver a pisar suelo griego. El Consejo de las Siete Familias se había disuelto tras escuchar la cinta de la confesión, inclinando la cabeza ante Mavros c