Atenas se extendía bajo el sol de la mañana como un tapiz de mármol antiguo y asfalto moderno, ajena a la guerra silenciosa que los Kyriakos libraban en sus entrañas. Tras la noche de furia posesiva de Mavros y su declaración de guerra biográfica, la mansión se había convertido en un hervidero de actividad. Mavros se había marchado al alba para coordinar la represalia contra los rusos en el puerto de El Pireo, pero no sin antes dejar órdenes estrictas sobre mi "seguridad".
—No saldrás de la cas