Atenas no era el refugio de historia y cultura que yo había imaginado en mis libros de escuela. Desde la ventanilla del helicóptero, la ciudad se extendía como una mancha de concreto y mármol bajo un sol implacable. Pero para mí, Atenas era el siguiente círculo del infierno. El viaje desde la isla había sido silencioso. Mavros no volvió a mencionar el momento en el diván, ni el beso en mis palmas heridas, pero su presencia se sentía más pesada que nunca. Sus ojos grises, fijos en el horizonte,