Capítulo 9
Abrí la puerta antes de que Edward hiciera alguna locura. Le pedi que se calmara, no era necesario armar un escándalo, yo podía manejarlo.
Aun así se quedó apoyado en la pared, atento, detrás de la puerta.
Mike estaba parado frente a mí. Tenía los ojos rojos e hinchados, olía a alcohol.
—Paulina… tenemos que hablar —dijo balbuceando las palabras.
Negué de inmediato.
—No tenemos nada que hablar. Es tarde y estás borracho. Además, esto es una falta de respeto para mí y para Liliana.