Capítulo 10
Edward se levantó en cuanto me vio. Estaba pálido y nervioso. Cristal, se acomodó la blusa, se limpió la boca con la mano, con una sonrisa triunfadora que me revolvió el estómago.
—Paulina —dijo Edward acercándose—. No es lo que parece.
Cristal soltó una risa falsa.
—No le mientas —dijo mirándome de arriba a abajo —. Tú y yo sabemos que este matrimonio es una farsa. Yo ya sé todo. Así que deja de hacerte la gran señora Hilton, porque al final del día la mujer oficial soy yo… o la que lo será cuando él deje de estar contigo.
Edward apretó la mandíbula.
—Cállate, Cristal —le dijo enfado—. Yo nunca te dije nada de eso.
—Por favor —respondió ella con burla—. No tienes que fingir más, es bueno que sepa cuál es su lugar.
Sentí celos, sentí rabia, cansada de ser una estúpida de la que todos se burlaban.
Aplaudí despacio, con ironía, celebrando el discurso patético de la mujer.
—Perfecto —dije—. Si lo deseas tanto, pídele matrimonio ahora mismo. Te dejo el camino libre.
Me quité