Capítulo 7
En cuanto vi la sangre salir de la mano de Edward, me puse tan nerviosa que pensé que me iba a desmayar. Le tomé la mano con fuerza, tratando de detener el sangrado.
—Perdón… perdón… fue mi culpa —dije sin poder controlar la voz—. Edward, por favor, vamos al hospital.
Él apretó los dientes, exagerando como siempre.
—No… no quiero hospital… llévame a la habitación —murmuró como si estuviera agonizando—. Creo que necesito una enfermera. Una bien guapa… como tú.
—¡No bromees! —le reclam