Han pasado dos horas. El camino se vuelve cada vez más oscuro, el silencio dentro de la limusina se apodera de mis oídos. Cierro los ojos y dejo salir mis lágrimas. Tenía unas ganas incontrolables de llorar. Me sentía tan impotente, incapaz de hacer nada por salvar mi vida. Si tan solo todo hubiera sido diferente...
La limusina se detiene. Dos hombres se acercan y abren la puerta para tomarme de las muñecas.
—Señor Whua, por seguridad debemos atarle los ojos a la chica —dice uno.
—Ella no es ni