Sentía que mi corazón quería salirse del pecho. El ambiente se volvía cada vez más sofocante y, en solo unos minutos, sentí las miradas de todos en esa mansión. Mi vida corría peligro. Sería débil si volviera a caer en este ridículo juego. Al escucharlo, negué con la cabeza y alzando la voz grité:
—¡PREFIERO MORIR ANTES QUE SER TU MUJER, ¿ENTIENDES?! ¡Jamás permitiré que me toques! Solo de pensarlo me dan ganas de vomitar —lo miré fijamente—. No soy una asesina, pero podría serlo. No tengo nada