Mateo dejó con delicadeza a Rocío sobre la cama y se despidió con una sonrisa breve, dejando a Kany a cargo de su cuidado. En cuanto se cerró la puerta, Kany se giró hacia su amiga con una expresión que no dejaba lugar a dudas: tenía un chisme, y de los buenos.
Se acercó, dando pasos silenciosos y con una mirada encendida, como quien lleva una bomba lista para estallar.
—Mira, Rocío… yo no había visto a un hombre organizarlo todo como lo hizo el señor Mateo —empezó, con tono teatral—. Se encarg