Kany intervino con delicadeza, pero con firmeza. A pesar de que sabía que tenía la confianza para hablar con este hombre sin que tuviera alguna repercusión, no dejaba de darle temor.
—Señor Mateo… no se trata de que haga una gran declaración. A veces, solo con estar, basta.
Mateo no respondió. Solo bajó la mirada y asintió, con el peso de sus propios pensamientos cayendo sobre los hombros.
—Le pido que vaya a verla —insistió Kany, con voz firme—. Rocío le extraña, aunque no quiera admitirlo. Lo